El Despilfarro alimentario

En un entorno de crisis económica en el que estamos inmersos desde hace años, cada vez es más frecuente ver gente junto a los contenedores de la vía pública rebuscando comida comestible que por una u otra razón, se ha tirado. Este fenómeno forma parte del despilfarro alimentario
Podríamos definir el despilfarro alimentario como toda aquella comida que se ha tenido que tirar (sea cual sea el motivo). Este despilfarro tiene varios actores: des del productor (campesino, pescador, etc) hasta el consumidor final, pasando por las diferentes cadenas de distribución.
Según la Agencia de Residuos de Cataluña (ARC), a cada catalán le corresponden 35 kg/año de residuos procedentes del despilfarro alimentario. Esta cifra es la cantidad imputada exclusivamente al final de la cadena alimentaria, es decir, lo que tiramos en los hogares y restaurantes. Comida que sobra o se estropea en la nevera o en la despensa, y acabamos por tirar a la basura. Según Paco Muñoz, técnico de la oficina de medio ambiente de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), esta cifra sube a 100 kg persona/año si contabilizamos las mermas indirectas de los consumidores. Teniendo en cuenta estos aspectos, se contabilizaría:

(1) Mermas de los productores
El campesino se ve obligado a tirar productos en buen estado porqué éstos no cumplen las exigencias del distribuidor (medida estándar, imagen, color, etc). O directamente, el precio de mercado de aquel producto, es tan bajo que no sale a cuenta hacer la cosecha, ya que lejos de sacar rendimiento, se pierde dinero y tiempo.
(2) Mermas de los distribuidores
Durante la cadena de distribución, el producto puede sufrir desperfectos (golpes, no respetar la cadena de frío, etc). Una vez se pone a la venta al público, la comida puede caducar o perecerse porqué no se vende.

(3) Mermas de los consumidores
Lo que compramos pero no comemos y caduca en la nevera, las raciones de comida que prepara una familia o restaurante pero no se consumen y se tiran, etc.
Como cifras, de los 4.000 millones de Tn de comida producidas en el mundo, 1.300 millones se despilfarran (Sense Ficció, TV3, Febrero 2015).
Lejos de resolver este problema, cada vez va a más. Actualmente mucha gente compra producto fresco en los supermercados o grandes superficies. Estos establecimientos, venden poco producto a granel obligando al consumidor a comprar paquetes con cantidades que quizás no necesita y acaba por tirar. También ofrecen producto fresco envasado; estos envases tienen unas dimensiones precisas, y toda aquella manzana, judía, etc que no entre en el envase, no podrá ser empaquetada, y por lo tanto se le retornará al campesino, que difícilmente le podrá dar salida y la tendrá que tirar (fenómeno de transferir despilfarro al productor).


El sistema falla por algún lado, cuando cada vez se tira más comida, pero también hay más gente necesitada. Por ejemplo, según los datos de una ONG de La Barceloneta, en el 2008 ofrecían 1.800 lotes de comida para familias necesitadas. En el 2013 4.300. El Banco de los Alimentos también tiene cada vez más peso para las entidades sociales.
Dar a la gente necesitada el excedente es una solución parcial. Es mucho mejor que no hacer nada, obviamente. Todos hemos ido a hacer la compra y hemos rebuscado en la fruta, descartando aquellas piezas que no tienen buen aspecto por fuera, o están demasiado maduras. Todos hemos escogido los yogures que tienen una fecha de caducidad más lejana aunque nos los vayamos a comer en los próximos días, relegando aquellos con una caducidad cercana, a un casi seguro despilfarro. También estamos acostumbrados a encontrar en los supermercados cualquier producto, a cualquier hora, en cualquier época del año, y lo que sobra se lo damos a los pobres para no sentirnos mal. Se tendría que producir con más mesura, ya que el despilfarro de la comida no es solo un problema ético y social. Lo es también económico y ambiental. Quizás no se tenga en cuenta la cantidad de agua, energía, tiempo y dinero que se ha invertido para cultivar una patata o un tomate, como para que no tenga el precio de mercado mínimo como para que valga la pena realizar la cosecha, no tenga el aspecto o dimensiones “demandadas” por el mercado, o que pese a pasar estos exigentes filtros, se nos perezca en la nevera de casa.
Concluyendo, en primer lugar el sistema productivo debería producir más en función de la demanda. En segundo lugar, aceptando que ningún sistema es perfecto, la administración pública tendría que invertir más en este tema, incentivando con políticas que reduzcan el despilfarro (obligatoriedad de publicar datos de despilfarro a las grandes superficies, desgravación fiscal a aquellas organizaciones que despilfarren poco facilitando a las ONG que puedan llevarse la comida comestible pero no comercializable, etc). Por último, como consumidores, ya va habiendo más consciencia social respecto al coste ambiental y económico de los alimentos, adquiriendo comida de proximidad o km 0, comprando directamente al campesino, evitando los costes y mermas asociadas que tienen las grandes cadenas de distribución alimentaria.

Mauro R Rey

BIBLIOGRAFIA

Diagnosis del despilfarro alimentario en Cataluña. Agencia de Residuos de Cataluña y Universidad Autónoma de Barcelona. 2012.
Los datos sobre residuos y despilfarro han sido extraídos de los siguientes estudios: Global foodlosses and foodwaste (FAO 2011), Preparatory Studyon Food Waste (EuropanComission 2010), Estudi SaveFood (Albal 2011) y Diagnosis del despilfarro alimentario en Cataluña (ARC- Generalitat de Catalunya, 2011).

Sobrevivir a la Nevera. Programa SENSE FICCIÓ emitido y producido por TV3. Febrero 2015.
http://www.uab.cat/web/siguem-sostenibles/malbaratament-a-catalunya-1345653388779.html
http://www.arc.cat

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